Cuando a los dieciocho años uno decide estudiar humanidades, o “letras” como se decía antes, nuestros padres deberían advertirnos: “trabajarás tanto como el resto de compañeros de otros sectores, te cualificarás como un experto, pero has de saber que siempre ganarás menos dinero”. Además, ese padre o madre que me hubiera gustado tener me habría dicho: “si tienes la suerte de trabajar en lo que te apasiona, disfrutarás como nadie en tu quehacer diario, aprenderás y te enriquecerás, te seguirás formando y aumentarán tus intereses, serás más libre, autónoma e independiente en tu forma de pensar y esto seguramente te hará ser mejor persona, pero, a cambio, tendrás siempre menos ingresos que tus colegas del instituto que eligieron trabajar en otros sectores (independientemente de tu valía y tu experiencia); sufrirás peores condiciones laborales, tendrás contratos inestables (si tienes la suerte de tener uno), podrás disfrutar de becas interminables y a cualquier edad, padecerás reestructuraciones varias, ERES, y tu sueldo siempre, siempre, será más bajo.

Pero esto no queda ahí, incluso habrá veces, créeme -me diría ese padre imaginario-, en que te pedirán que hagas tu trabajo GRATIS.

No, no trabajamos gratis

No, no estoy exagerando, hay músicos a los que se les pide que toquen gratis, por este motivo han surgido iniciativas como #NoTocamosGratis:

 

Iniciativa #NoTocamosGratis, de Clásica FM Radio, infografía de Miguel Galdón

Iniciativa #NoTocamosGratis, de Clásica FM Radio, infografía de Miguel Galdón.

 

 

Hay actores a los que no se les paga por actuar, escritores o guionistas que escriben sin cobrar, ilustradores que se supone viven del aire, o gestores culturales que hacen méritos y prácticas sin ver un euro o cobrando una miseria porque “este año no hay presupuesto”. Todos conocemos casos o nos hemos visto obligados a trabajar gratis o cobrando realmente poco.

Bien, esto se conoce como PRECARIEDAD, veamos cómo lo define la RAE:

 

Definición de "precariedad" según el diccionario de la RAE

Definición de “precariedad” según el diccionario de la RAE

 

En el tema que nos atañe, me refiero al trabajo que no posee los medios o recursos suficientes, de poca estabilidad o duración, mal o nada remunerado.

No es esta una pataleta contra la administración, sobran aquí las palabras, ni contra las empresas y promotores privados que ofrecen sueldos pobres y escasas condiciones laborales a los trabajadores de la cultura. Esto es una llamada de atención a todos los que trabajamos en gestión cultural, en la cultura, llámese profesionales autónomos, contratados, comunicadores, gestores, productores, que consentimos y aceptamos la situación de precariedad en nuestro quehacer diario como algo endémico del sector, un aro por el que tenemos que pasar.

La crisis y la cultura, ¿Quien fue primero?

Hemos vivido unos años muy duros de crisis que han hecho mucho daño al sector de la cultura, sufrimos uno de los impuestos más caros de Europa a los servicios culturales, los políticos ya ni siquiera mencionan la cultura en sus campañas (y mira que llevamos dos muy recientes y vamos a por la tercera).., por no hacer, los políticos ya no nos hacen ni promesas electorales, simplemente nos IGNORAN.

En museos y organizaciones culturales públicas, trabajadores y funcionarios han tenido que ver cómo se les bajaba sin justificación su sueldo, mientras que otros trabajos se han externalizado y precarizado hasta tal extremo, que muchos compañeros se han visto obligados a hacer huelga para reclamar unas condiciones laborales y una remuneración dignas y acordes con su cualificación profesional.

 

Trabajadores del Museo de Bellas Artes de Bilbao en huelga (junio 2016). Foto: diario El País

Trabajadores del Museo de Bellas Artes de Bilbao en huelga (junio 2016). Foto: Diario El País

 

En fin, digo yo que ya que parece que hemos pasado lo peor de la crisis (o al menos eso queremos pensar), que los currantes de la cultura hagamos algo por salir de la precarización endémica en la que vivimos hace años, por cobrar sueldos dignos, por tener unas condiciones de trabajo aceptables, por no estar siempre aprentándole el cinturón año tras año a nuestros presupuestos, por no trabajar siempre en la cuerda floja, o sin recursos, por no tener que vender nuestro tiempo y experiencia a empresas privadas y administraciones a precio de mercadillo.

#StopCulturaPrecaria

Reclamemos lo que nos corresponde, no porque queramos ser ricos, sino por una vida laboral digna, por tener una estabilidad exigible y porque queremos ir al cine, a un concierto o al teatro sin sentir que es un lujo, porque somos ‘este tipo de gente’ que se compra libros en Amazon, se suscribe a Spotify, sueña con ir a la ópera o, simplemente, quiere llenar el carro en el Mercadona cada semana.

La industria cultural emplea a 485.000 personas en España, según datos del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Si somos capaces de reivindicar juntos que no queremos trabajar más en condiciones precarias, porque amamos la cultura, porque nos apasiona y enriquece nuestro trabajo, y sobre todo porque nos respetamos como profesionales, creo que algo habremos avanzado.

PD: ¿Qué os parece hacer visible esta postura bajo el hashtag: #StopCulturaPrecaria? Por favor, todas las iniciativas o ideas al respecto serán bienvenidas, pero, HAGAMOS ALGO.

 

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Escribo sobre comunicación online de proyectos culturales y sobre estrategias digitales en museos. También entrevisto a personas relevantes en la red, de las que he aprendido cosas.

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